La primera vez que tu peque “disparó” una mala palabra – que sin duda aprendió de su hermano mayor – tu primer reacción fue de risa, lo que  inmediatamente lamentaste; después seguramente iniciaron una discusión acerca de que hablar con malas palabras es incorrecto.

Pero nada te preparó para la primera vez que tu peque lanzó una palabrota – ¡especialmente frente a la abuela!. Cuando tu peque maldice, usualmente está repitiendo algo que escuchó. Tu peque desarrolla habilidades verbales a través de la repetición; no está tratando precisamente de herir u ofender a alguien, así que no reacciones exageradamente y mejor enséñale otras palabras que usualmente ayudan.

Una vez que tu peque entre a la escuela, vendrán más retos en cuanto al tipo de lenguaje que escuchará. Sin embargo existen pasos con los que puedes enseñarle qué palabras son aceptables para usar y aquellas que no lo son.

Di ¿Qué?

En cierto momento tu peque experimentará maldiciendo. Esto puede llamar la atención de los demás y obtener ciertas reacciones alrededor, también puede sentirse “rudo” o “interesante”. Maldecir, a menudo puede presentarse cuando quiere herir a alguien, o cuando siente frustración o enojo. Anima a tu peque a nombrar la emoción que esté sintiendo y que diga qué es lo que quiere. Trabajen en el problema y hablen acerca de maldecir cuando estén en calma. Entonces, podrás enseñarle a tu peque, formas aceptables para expresar sus sentimientos cuando las emociones suban de tono.

Cuando las personas adultas usan palabrotas, usualmente son más enfáticas, lo que las hace más atractivas. Tu primera línea de defensa es establecer un buen ejemplo en casa, asegúrate de no estar usando un tipo de lenguaje que no quieres oír de tu peque. Recuerda aquel dicho: “Los niños no siempre hacen lo que dices, pero siempre imitan lo que haces”.

Adicionalmente, aquí encontrarás algunas estrategias que puedes aplicar:

  • Ignorar: Usa esta estrategia la primera vez que tu peque use una palabrota en casa. Es posible que ignorando esta conducta sea suficiente para que no vuelva a maldecir. La llave es no exagerar tu reacción o reírte.
  • Planea con anticipación: Tú y tu pareja decidan qué palabras consideran como ofensivas dentro de la familia, así como también palabras que serían inaceptables al usarlas en la escuela o en la comunidad. Prepárense para repasar la lista de palabras con tu peque por si el uso de las palabrotas se incrementa.
  • Comenten el problema: Escoge un momento en el que reine la tranquilidad y la calma para hablar acerca de la conducta de maldecir. “Nina, no me gusta cuando usas palabrotas, incluyendo (pon las palabras ofensivas que como familia hayan elegido). De aquí en adelante estas palabras no están permitidas”. En una lista revisen las razones por las cuales maldecir no está bien:
    • Maldecir puede meterte en un problema en la escuela, o en la casa de tus amistades.
    • Las palabras tienen poder y pueden herir los sentimientos de las personas.

Haz una lista de palabras que se pueden usar para expresar sentimientos variados.

  • Dale seguimiento al comportamiento: Con una jarra pequeña y objetos pequeños de tu preferencia (frijoles, pelotitas, etc.) harás una sencilla dinámica; explícale a tu peque que por cada palabrota que use, un “frijol” irá a la jarra. Una vez que la jarra se llene, perderá un privilegio. Si la jarra está vacía, tu peque podrá ganar una recompensa al final del día, fin de semana o al final de toda una semana, como una actividad especial con mamá o papá. Podrás considerar tener una jarra para cada quien, y ponerse de acuerdo en familia en cuanto al período de tiempo por el que se llevará a cabo la dinámica, podría ser todo un día, un fin de semana o una semana entera usando solo vocabulario aceptable.
  • Fomenta las alternativas positivas: Presenta algunas palabras o expresiones aceptables para poder emplearlas en vez de palabrotas. Si tu peque maldice cuando le dices que no puede comer helado después de la cena, ofrécele una alternativa cuando sienta frustración como: ¡“phooey”!
  • Establece las fuentes: ¿Tu peque aprendió de la escuela, de su hermano mayor, de un programa de televisión o aún de ti, su nuevo vocabulario? Dependiendo de la fuente, puedes limitar el contacto que tiene con ese programa o libro, así como también puedes ser consciente de tu propio lenguaje.

Ser un modelo positivo conlleva un largo camino para establecer el uso de un lenguaje apropiado en casa, así como para desalentar aquellas palabras que nunca quisieras escuchar de la boca de tu peque. Con planificación y respuestas consistentes, podrás abordar el problema de inmediato y tu peque aprenderá a expresarse con lenguaje que será “música para tus oídos”.