Es asombroso ver las transformaciones que sufren nuestros peques durante sus primeros años, comenzando de recién nacidos aparentemente indefensos y después como peques que pueden caminar, hablar, tomar decisiones y mostrar preferencias por ciertos alimentos, juguetes y compañía.

Sin embargo, con la creciente independencia y curiosidad típica de los peques, puede surgir una conducta desafiante, que incluye el hacer algo que le has pedido que no haga en repetidas ocasiones.

Una habilidad importante que muchos padres podrían comenzar a inculcar en los peques de esta edad es el control interno o la autorregulación / autocontrol. Para enseñar esto, se establecen los límites hasta que el niño aprenda a comportarse de manera adecuada. Algunas personas llaman a este tipo de respuesta simplemente como “desobediencia”. Sin embargo, puede ser más útil pensar que lo que se está haciendo es hacer cumplir un límite establecido, hasta que pueda aprender y pueda ejercitar su autocontrol. En otras palabras, no se trata de que simplemente haga lo que le pidas, sino que le ayudes a aprender lo que es un límite y cómo comportarse de manera aceptable.

Aprendiendo los caminos del mundo

Los peques no nacen sabiendo distinguir entre el bien y el mal. Como padres, les enseñamos que no está bien arrojar juguetes a sus hermanitos porque queremos que aprendan a ser amables. Los peques e incluso los más mayorcitos no entienden por qué no está bien colorear las paredes o tirar la comida de los gatos por todo el piso. De nuevo, es nuestro trabajo enseñarles qué comportamientos son socialmente apropiados y cuáles no.

La gran parte del comportamiento de los peques surge de la curiosidad (“¿y qué ocurre cuando derramo leche sobre el pan tostado?”) y no saben cómo funciona el mundo. La experimentación con su mundo es esencial para el desarrollo del cerebro y las interacciones sociales normales. En este artículo, sin embargo, estamos hablando de un comportamiento que ocurre después de que le has pedido que no lo haga. Por ejemplo, sigue jalándole la cola al gato aun después de haberle dicho que dejara de hacerlo. Debemos recordar que tal vez la razón por la que continúa haciéndolo es porque siente curiosidad de los maullidos del gato.

La investigación ha encontrado que gran parte del tiempo, los niños están motivados por necesidades positivas. Además de ser curiosos, están aprendiendo cómo ser independientes y tomar decisiones. Sus cerebros ansían información y están preparándose para el éxito en la escuela.

De vez en cuando, podemos encontrar un comportamiento problemático que ocurre porque:

  • Tu peque está expresando que necesita de tu apoyo para poder controlar sus grandes emociones.
  • Que le digan “no” se convierte en un juego. Por ejemplo, correr tras del peque cuando le has dicho que necesita quedarse a tu lado.
  • El mal comportamiento proporciona atención al niño.

Más vale prevenir que lamentar

Para alentar el comportamiento positivo, comienza por asegurar tu casa a prueba de niños. Tener menos áreas de “no toques” en tu casa, reduce la cantidad de veces que tendrás que decirle “no”. Si tu peque no puede mantener sus manitas alejadas de algo curioso que le pertenece a papá, tal vez sea hora de moverlo al garaje o guardarlo hasta que el peque pueda manejarlo con más delicadeza.

Otras ideas a prueba de niños incluyen:

  • Poner los artículos frágiles y valiosos fuera de su alcance.
  • Usar pestillos a prueba de peques en los armarios y usar cubiertas para las perillas de las puertas.
  • De ser necesario, usar rejillas para bebés para cerrar el acceso a ciertas partes de la casa.
  • Organizar sus juguetes para que sean fáciles de alcanzar.

Estableciendo los límites

Cuando se produce un mal comportamiento, al establecer límites claros, firmes y consistentes se puede ayudar a detener el comportamiento y evitar que vuelva a ocurrir.

Por ejemplo, si tu peque sigue jalándole la cola al gato:

  • Acércate hacia tu hijo y colócate a la altura de sus ojos.
  • Sostén suavemente su mano. Reconoce su motivación: “Sé que quieres jugar con el gato, pero a los gatos no les jalamos la cola”.
  • Muéstrale lo que te gustaría que hiciera: “Tócalo suavemente. Así, de esta manera”.
  • Dale tiempo para que vuelva a intentarlo, pero esta vez suavemente.
  • Elógialo cuando haga lo que le pediste.

Si a tu peque todavía le cuesta trabajo seguir tus instrucciones, habla entonces de consecuencias lógicas: “Si no puedes tener cuidado con el iPad, lo guardaré durante 5 minutos”. Cuando se acabe el tiempo, devuélvele el iPad. Dale otra oportunidad para que lo maneje con suavidad.

Si sientes que tu peque se está portando mal para llamar la atención, trata de prestarle un poco más de atención positiva varias veces durante el día, para enseñarle que el buen comportamiento recibe atención positiva. Intenta descubrir los momentos cuando están haciendo las cosas bien. Hazle  saber que notaste que estaba tratando de ser de ayuda o que estaba jugando bien con los demás.

Con un poco de experimentación, encontrarás el equilibrio adecuado para que la independencia y la curiosidad de tu peque florezcan, al mismo tiempo que estableces límites que le pueden ayudar a obtener un mayor autocontrol.