En algún punto el llanto de tu bebé pidiendo ayuda (puede ser que necesita comer, o calentarse o quiere acurrucarse en los brazos), se convertirá en una demanda por todo, desde ¡aquellas galletas que quiere ahora! Hasta las calcetas rojas, ¡no las azules!. Algunas de estas peticiones te parecerán poco razonables (al menos a ti) y entonces te toparás con mucho llanto, gemidos y quejidos.

Los grandes sentimientos de tu peque, pueden interponerse en el camino de permitirle comunicar claramente lo que necesita o entender razones (por ejemplo, ¿por qué no puede comerse 10 galletas para la cena?). Al ejercer la paternidad es nuestro trabajo enseñarles las habilidades y herramientas que necesitan para comunicarse efectivamente.

Lloriqueos

La mayoría de la gente esta consciente de lo que el lloriqueo es, pero ¡existen razones para eso! El lloriqueo es generalmente descrito como una queja (o una forma moderada del llanto) y se hace en un tono irritante y extenso. Es mas frecuente cuando tu peque tiene hambre, esta enfermo o muy cansado. Hay algunas otras razones por las que tu peque lloriquea. Los peques más jóvenes quienes aún no hablan bien, pueden sentirse frustrados cuando no pueden decir las palabras que quisieran. Mientras el vocabulario crece, este tipo de lloriqueo debe disminuir.

Los peques también lloran para atraer nuestra atención (¡deja de lavar los trastes!) o para obtener algo que quieren (puede ser un carrito de la juguetería). La manera en que respondas al lloriqueo tendrá un impacto en qué tan seguido y qué tan intenso se seguirá presentando. Si quieres que esta conducta disminuya (ayudando a que tu peque se comunique mejor) a continuación encontrarás algunas estrategias para lidiar con el lloriqueo:

Predica con el ejemplo

  • Demuestra cómo hablar amable y tranquilamente frente a tu peque
  • Usa el “por favor” y “gracias”
  • Guarda la calma cuando tu peque este lloriqueando
  • Recompensa a tu peque cuando use un tono de voz adecuado – “de niño o niña grande”

Algunos peques y sobretodo los más jóvenes no saben el significado de estar lloriqueando ni tampoco el de hablar como “niño o niña grande”. Los padres y madres pueden optar por grabar a sus peques al momento en que están llorando y también en los momentos de buen humor.  La grabación entonces la escucharán mientras al peque se le explica la diferencia entre una voz normal y una voz llorona.

El lloriqueo no ganará

Cuando un peque llora y obtiene lo que quiere, será muy probable que use esta conducta para la siguiente ocasión. Cada vez que te rindas ante el lloriqueo, la idea de que funciona se adhiere más y más a la mente del peque cuando quiere obtener algo. Es tu trabajo enseñarle otros caminos.

  • Ponte a su altura (agáchate) y aclárale acerca de lo que quieres que él o ella hagan: “Si quieres otro tentempié, por favor pídelo amablemente”.
  • Compleméntalo con una recompensa: “Esa fue una petición muy amable. ¡Gracias!”
  • Si le das otra oportunidad para pedir lo que quiere y tu peque continúa lloriqueando, una consecuencia razonable sería: “No lo estás pidiendo amablemente. Las galletas desaparecerán por 10 minutos”.
  • Después de ese tiempo, dale otra oportunidad de pedirlas sin llorar.

Si necesitas ser más firme puedes tratar con “la ignorancia planeada”. En esta técnica te voltearás a otro lado mientras tu peque esté lloriqueando e ignorarás su conducta.  Esto podrá ser retador para los padres y madres si el llanto se convierte en algo peor en vez de mejorar. Apégate a tu decisión y sé consistente en cómo envías tu mensaje.

Cuando tienes que decir No

Aún cuando tu peque use su voz más amable y dulce, hay momentos en los cuales tú simplemente tienes que decir NO. Los peques pueden luchar con la necesidad de esperar por lo que quieren (“yo se que quieres ir al parque justo ahora pero estamos a 20 grados afuera”). Aprender a aceptar un “no” por respuesta es duro – pero es parte del crecimiento.

  • Si necesitas decir no, rechaza la petición de tu peque con voz tranquila y dale tus razones: “Gracias por pedirlo tan amablemente, pero no podemos ir al parque por ahora porque hace mucho frío afuera como para ir a jugar”.
  • Ofrece una alternativa similar: “¡Vamos a poner los cojines fuera del sofá y hagamos un fuerte!”

Recuerda que los peques pueden sentirse abrumados y agobiados especialmente cuando tienen hambre, cuando necesitan una siesta o durante cambios propios de su desarrollo. Algunas veces solo necesitan apoyo emocional y conexión contigo. Asegúrate de que sus necesidades básicas estén suplidas con el fin de prevenir lloriqueos innecesarios. Por ejemplo, si la hora de la siesta se aproxima, no trates de apretar la agenda para ir “de rapidito” a la tienda.

Pensando por adelantado y teniendo cuidado de las señales de malestar por hambre o cansancio, podrás responder a las necesidades de tu peque antes de que empiece el lloriqueo y lo llevarás al mínimo.